miércoles, 31 de diciembre de 2008

Manifiesto de la Red de Escritoras y escritores por el ALBA


Desde Los Andes, desde el baile latinoamericano que sacude a la región, que la mueve cargado de esperanza, lucha, ternura y compromiso bolivariano. Desde este incendio de conciencia, desde Venezuela, nosotros, jóvenes escritoras y escritores del continente, levantamos nuestros corazones rojos, y ejerciendo el poder de la palabra,



DECLARAMOS:


1. Considerando la situación de escritores en países que no están adheridos formalmente a la Alternativa Bolivariana para Las Américas, ALBA, decidimos nominarnos como Red de Escritoras y Escritores por el ALBA, entendiendo que este “por” da cuenta del interés de escritores pertenecientes a países no miembros del ALBA para promover esta alternativa en sus países, logrando así la inclusión y compromiso transversal con los fundamentos de esta alternativa.


2. Nuestro rol, en este momento histórico, debe trascender el hecho de escribir, es urgente ejercer la promoción, divulgación, gestión y prácticas culturales como ejes que contribuyan a la construcción y consolidación de una alternativa Latinoamericana y Caribeña contraria al Capitalismo y al Imperialismo.


3- Las escritoras y escritores por el ALBA estamos llamados a contribuir con la recuperación, construcción y consolidación de espacios del Poder Popular.


4- Las escritoras y los escritores por el ALBA rechazamos la escritura regida por principios mercantilistas.


5- Hacemos un llamado a la institucionalidad cultural y a las estructuras alternativas de los países suscritos al ALBA a cooperar solidariamente con el fortalecimiento de los procesos culturales ligados a la escritura y la lectura, en los países de Latinoamérica y el Caribe.


6.- La Red de Escritoras y Escritores por el ALBA contribuirá a la difusión y promoción de la escritura Latinoamericana y del Caribe, utilizando para esto todos los medios y canales de difusión posibles, así como formatos alternativos que favorezcan el acercamiento del pueblo a la literatura.


7.- La Red de Escritoras y Escritores por el ALBA comprende a Latinoamérica y el Caribe no sólo como un conjunto de Estados, sino como un entretejido plurinacional, pluricultural, multiétnico y multilingüístico, planteando la necesidad de la valoración, difusión y fortalecimiento de las literaturas e idiomas originarios.


8.-La Red de Escritoras y Escritores por el ALBA promoverá la valoración, rescate y difusión de la memoria histórica de nuestros pueblos.


9.- La Red de Escritoras y Escritores por el ALBA debe definir mecanismos de organización que permitan fijar posiciones, denunciar, apoyar luchas sociales y realizar acciones políticas colectivas, teniendo esto un alcance continental, con la finalidad de que nuestra voz logre un mayor protagonismo y contundencia, redefiniendo la concepción y praxis de la acción política.


10.- La Red de Escritoras y Escritores por el ALBA, en su vocación Bolivariana, Socialista y Solidaria, plantea la necesidad de establecer alianzas y vínculos de cooperación con movimientos, organizaciones, redes, escritoras y escritores, que propongan alternativas contrarias al Capitalismo y al Imperialismo en cualquier parte del mundo.


11.- La Red de Escritoras y Escritores por el ALBA plantea la necesidad de apostar al desarrollo de una sociedad crítica haciendo énfasis en las niñas, niños y adolescentes a través del acceso y promoción de la lectura.


12.- La Red de Escritoras y Escritores por el ALBA defiende la Libertad de Expresión y combate la desinformación de las dictaduras mediáticas.


Declarado esto, insistimos en sumar las voces de Nuestra América, que hoy empieza a ser verdaderamente nuestra, contra el Imperialismo y la Guerra. Voces que llevan las heridas, aún abiertas, de la opresión y de la imposición de los silencios coloniales e imperiales. Despertamos en medio de estos Andes venezolanos para abrazar todos los posibles encuentros. Aprendemos a reconocernos en las otredades para enarbolar las banderas de la unión latinoamericana y caribeña, para decirnos y decirles a nuestros pueblos que otro mundo no sólo es posible sino, y sobre todo, imprescindible.Tenemos la convicción solidaria y revolucionaria de hacer de la palabra una trinchera de lucha para enfrentar y enfrentarnos a todos los atropellos que se cometan contra nuestros pueblos, defendiendo la paz auténtica. Llevamos en nuestras manos, ojos, sueños y convicciones, los sones, sabores, tactos y colores de nuestras tierras.Entendemos hoy, el compromiso histórico con las mujeres y hombres que han sembrado luchas libertarias y que caminan junto a nosotros, en la construcción colectiva de una América que debe ser libre para hacer libres a nuestros pueblos.


Firman:

Argentina: María Eugenia López (1977), Pablo Villarreal (1977).
Chile: Gustavo Barrera (1975), Germán Gana (1983), Pablo Paredes (1982).
Ecuador: Augusto Rodríguez (1979)
Guatemala: Rosa Chávez (1980).
México: Iván Cruz Osorio (1980), Benjamín Morales (1984).
Paraguay: Ernesto Centurión (1978).
El Salvador: Pablo Benítez (1980).
Uruguay: Horacio Cavallo (1977), Leonardo Cabrera (1978).
Venezuela: Inti Clark, Carylis Bravo, Dannybal Reyes, Daniela Saidman, William Torrealba, Alejandro Silva, Eduardo Mariño, Édgar González, José Javier Sánchez, Simón Zambrano, Eduardo Viloria, Ennio Tucci, Luis Alcalá, Luis Mora, Juan Manuel Parada, Sacha López, Gladys Mendia, Norys Saavedra, Gabriel Figueredo.





San Cristóbal, Tachira, Venezuela,
5 de Noviembre de 2008

jueves, 11 de diciembre de 2008

Vicente Gerbasi (a 95 años de su nacimiento)

*Vicente Gerbasi (Canoabo, Venezuela, 1913-1992).

La obra del poeta venezolano Vicente Gerbasi ceñida por el poderoso y estremecedor paisaje venezolano, al mismo tiempo que su padre "el inmigrante". Poesía de amplio lenguaje metafórico, pero sin perder honestidad, practica el verso libre, la estrofa de cinco versos. Es indudable sentir en esta obra la mirada de un hombre contemplativo, que reflexiona, escasamente se verán ímpetus viscerales, en cambio veremos reflexiones, sin caer en poemas cerebrales. A 95 años de su nacimiento, rendimos un sentido homenaje a uno de los poetas más trascendentales no sólo de Venezuela, si no también de la América toda. A continuación dos poemas insignes de la obra de Gerbasi:
Vigilia del naufrago
A la hora de horizontes tumultuosos los mástiles me inclinan,
despertándome al desmayo de los vuelos,
en lluvia de alas heridas,
donde no cantan los círculos concéntricos
de mis pájaros rojos.
Abandonado a los límites:
rosa de los vientos incendiada de ásperas ciudades,
relojes sin minuteros, descoloridos de granizos y lloviznas,
descienden sin rumbo ni refugio, a mis climas abandonados.
Las superficies de vagos remolinos,
recuerdan en la espuma las ondinas perdidas,
en su música menuda de huidizas ondas rotas,
ya los submarinos que no pueden volver a los vientos.
Busquemos, sin las costas, el silencio del mundo,
en la burbuja que sube de los transatlánticos hundidos,
en los remotos gritos que vienen
de los tremendos viajes submarinos.
Yo tengo los labios amargos en las olas,
y el pensamiento humedecido en algas moribundas.
He visto fríos y noches tocar a la puerta de casas
solitarias y tristes.
¿Por qué los niños, bajo las tempestades eléctricas,
trepan a la luz de los faros?
Las olas arrastran sus alegrías de caracoles.
Sin embargo hay una flor que crece a la orilla de la luna,
y un ala tibia que abanica la línea ecuatorial.
Hemos dejado las manos en las ruedas rechinantes.
A la deriva de brújulas y estelas,
giran sin las auroras los puntos cardinales.
Al norte, abrumado en la música de fáciles puñales,
bombas de mano destruyen noches boreales.
Al sur, oscuras hélices pulverizan la lana de los osos blancos.
Al este, en un ruido de marineros sin gargantas
y anclas de negros buques llegados al azar,
se desprenden puertos fatigados en pesados aceites.
Al oeste, humos y ciudades, confundidos,
presencian el suicidio de veloces mujeres.
¿Pero dónde la cigarra muda de la estrella polar?
¿Nadie recuerda el rumor de los árboles?
Vuelan las aves hacia planetas muertos.
Ecos violentos se desgajan en mi frente.
Quillas invisibles me hienden sin mi cuerpo
Duele en los aires de los mapas
el silbido de lejanos fusiles
y las cabelleras de rubias mujeres
abandonadas a penumbrosas alambradas.
¿Quién oye en las noches lejanas el grito del mar
llamando a las madres de los marineros?
Hay estatuas rotas y niños enloquecidos
en las dinamitas terrestres.
El mundo desgaja bosques y montañas
para alzar los marfiles de la muerte,
pero nadie siembra lirios al pie de los rascacielos.
Alguien asesina al nadador que, cara al cielo,
espera el vuelo de las aves marinas.
¿Nadie ha visto el buque que regresa hendiendo la tristeza lunar,
en ese momento en que una flecha envenenada hiere los espacios,
y se desmoronan los senos de las novias?
Yo bajo del centro de una geografia criminal y antihumana.
He perdido mis cabellos y mis uñas
en los terribles escollos mutilados.
Desciendo sin ojos y garganta, sin playas y palmeras.
Desmesuradas manos tratan de subirme al mundo de las brisas;
pero aguas turbias, aguas negras,
aguas de antiguos templos sumergidos,
murmuran y ensordecen,
arrastrándome a las precipitadas ciudades de los náufragos.
Arañado por espectrales escafandras,
donde aúllan bocas de rostros destruídos,
violentos a los peces voladores
en las altas superficies de la noche,
me entregaré a la pálida neurosis de los sacrificios anónimos.
No me oirán las paredes de la tierra.
Anchas bocas se reirán con rojo estruendo
desde elevados puentes oscuros.
No habrá ni arenas, ni tablas.
Habré de asirme a las transparencias perdidas,
a esas que se fugan, sin piedad, de sí mismas.
Presenciaré el gesto violento
de los que ateridos por los colores profundos,
piden auxilio a imposibles compañeros,
a ésos que se desvelan mudos
en la estridencia de otras latitudes.
¿Qué paisaje de esponjas y corales
buscan los,pescadores de perlas
abandonados a la distancia de sus islas?
¿Dónde aquellos mineros
perdidos
sin miradas, en las raíces de la tierra?
¿Dónde la respuesta del mundo?
¿Hacia qué combate anónimo cantan estos seres?
Con mis tímpanos rotos en los torbellinos inmóviles,
con mis ojos perdidos en los paisajes atroces,
a través de las lianas profundas y los peces,
de máquinas y ametralladoras entre flores marinas,
me entregaré sin rumbo a las tenebrosas avalanchas.


Mi padre el inmigrante
Mi padre, Juan Bautista Gerbasi, cuya vida es el motivo de este poema, nació en una aldea viñatera de Italia, a orillas del Mar Tirreno, y murió en Canoabo, pequeño pueblo venezolano escondido en una agreste comarca del Estado Carabobo.

I
Venimos de la noche y hacia la noche vamos.
Atrás queda la tierra envuelta en sus vapores,
donde vive el almendro, el niño y el leopardo.
Atrás quedan los días, con lagos, nieves, renos,
con volcanes adustos, con selvas hechizadas
donde moran las sombras azules del espanto.
Atrás quedan las tumbas al pie de los cipreses,
solos en la tristeza de lejanas estrellas.
Atrás quedan las glorias como antorchas que apagan
ráfagas seculares.
Atrás quedan las puertas quejándose en el viento.
Atrás queda la angustia con espejos celestes.
Atrás el tiempo queda como drama en el hombre:
engendrador de vida, engendrador de muerte.
El tiempo que levanta y desgasta columnas,
y murmura en las olas milenarias del mar.
Atrás queda la luz bañando las montañas,
los parques de los niños y los blancos altares.
Pero también la noche con ciudades dolientes,
la noche cotidiana, la que no es noche aún,
sino descanso breve que tiembla en las luciérnagas,
o pasa por las almas con golpes de agonía.
La noche que desciende de nuevo hacia la luz,
despertando las flores en valles taciturnos,
refrescando el regazo del agua en las montañas,
lanzando los caballos hacia azules riberas,
mientras la eternidad, entre luces de oro,
avanza silenciosa por prados siderales.
II
Venimos de la noche y hacia la noche vamos.
Los pasos en el polvo, el fuego de la sangre,
el sudor de la frente, la mano sobre el hombro,
el llanto en la memoria,
todo queda cerrado por anillos de sombra.
Con címbalos antiguos el tiempo nos levanta.
Con címbalos, con vino, con ramos de laureles.
Mas en el alma caen acordes penumbrosos.
La pesadumbre cava con pezuñas de lobo.
Escuchad hacia adentro los ecos infinitos,
los cornos del enigma en vuestras lejanías.
En el hierro oxidado hay brillos en que el alma
desesperada cae,
y piedras que han pasado por la mano del hombre,
y arenas solitarias,
y lamentos del agua en cauces penumbrosos.
¡Reclamad, gritando hacia el abismo,
el mirar interior que hacia la muerte avanza!
En nuestras horas yacen reflejos de heliotropos,
manos apasionadas, relámpagos del sueño.
¡Venid a los desiertos y escuchad vuestra voz!
¡Venid a los desiertos y gritad a los cielos!
El corazón es una secreta soledad.
Sólo el amor descansa entre dos manos,
y baja en la simiente con un rumor oscuro,
como torrente negro, como aerolito azul,
con temblor de luciérnagas volando en un espejo,
o con gritos de bestias que se rompen las venas
en las calientes noches de insomnes soledades.
Mas la simiente trae a la visible e invisible muerte.
¡Llamad, llamad, llamad vuestro rostro perdido
a orillas de la gran sombra!


Vicente Gerbasi, Antología poética,
Monte Ávila Editores Latinoamericana: Venezuela, 2004.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Hasta pronto Othón Salazar (1924-2008)

Othón Salazar nació en Alcozauca, Guerrero, 1924, maestro normalista, fue miembro del Partido Comunista Mexicano y líder legendario del Movimiento Revolucionario del Magisterio. Encarcelado, insultado, ninguneado por las prácticas gangsteriles de los distintos gobiernos de México y por el oficialismo sindical encarnado en eso que se llama: Elba Esther Gordillo.
Othón Salazar fue un crítico voraz de ese gran mal de nuestro país, es decir, que el Estado ejerza todo el control de los sindicatos y que estos se tiendan al servilismo. Entre sus logros políticos se cuentan el haber conseguido una diputación federal por el Partido Comunista Mexicano en 1979, y entre 1982 y 1985 ser alcalde de su pueblo natal. El primer municipio comunista.
En un homenaje organizado por la revista Hoja, editada por miembros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación. Salazar, conminaba a sus compañeros de antaño: “No tengamos miedo a la muerte… Que las nuevas generaciones de maestros nos recuerden con todos nuestros defectos, pero también recuerden que hicimos que nuestras vidas estuvieran inscritas a ideales nobles, inspirados en el bien de nuestros semejantes”.
Con Othón Salazar se va una fuerza indomable que enfrentó a lo largo de su vida a los cotos de poder mexicano hasta la actualidad. Lo recordaremos como un luchador social incorruptible, pero sobre todo como un normalista, que como señala Guillermo Ramírez, significa: "el deseo de un individuo por transmitir un conocimiento sin preguntarse cuánto va a ganar".
Por último Othón Salazar rememoraba en 1993: “El México de la barbarie que nos tocó, nos castigó cuanto pudo, nos cesó, se rieron de nosotros. Ése fue el trato que dieron a una lucha que aplaudía el pueblo por su justeza, su alegría cívica y su arrojo”.

martes, 2 de diciembre de 2008

Hasta pronto Enriqueta Ochoa (1928-2008)


El día de ayer murió la poeta Enriqueta Ochoa, a causa de una trombosis intestinal. En su muerte deja una obra por desentrañar, una obra que en silencio ha forjado a varias generaciones de escritores mexicanos. El primer poema que leí de ella fue "Retorno de Electra", desde entonces percibí esa desesperación silente, esa tenue desolación disfrazada de esperanza, que permea en el resto de su obra. Enriqueta representó, junto a Rosario Castellanos (1925-1974), la voz más escéptica, más desconsolada, entre esos poetas mexicanos nacidos en la década de 1920, que iniciaron un escepticismo ante las emociones, ideas, conceptos y realidades del mundo. Basta recordar la obra de Rubén Bonifaz Nuño (1923), Jorge Hernández Campos (1921-2004), Jaime Sabines (1926-1999), Enrique González Rojo (1928), Eduardo Lizalde (1929), para corroborar esto. Así la obra de Enriqueta Ochoa nos lleva por los temas del amor, el desamor, la crítica social, dios, la muerte, las preguntas existenciales. Sin duda estamos ante una obra que ha cimentado nuevas generaciones de autores, una obra que ha trascendido.

El Suicidio
para Rubén Tamez Garza
Pienso en la fecha de mi suicidio
y creo que fue en el vientre de mi madre;
aún así, hubo días en que Dios me caía
igual que gota clara entre las manos.
Porque yo estuve loca por Dios,
anduve trastornada por él,
arrojando el anzuelo de mi lengua
para alcanzar su oído.
Su fragancia penetraba en mi piel
palabras que no alcanzo a entender,
que no voy a entenderlas, quizá…
Aprendí muy tarde a conocer varón,
lo sentí dilatarse con toda su soledad
dentro de mí.
Fue una jugada turbia,
un error sin caminos.
Fue descender al núcleo fugaz de la mentira
y encontrarme, al despertar, rodando en el vacío
bajo una sábana de espanto.
Fue lavarle la boca a un niño
con un puño de brasas
por llamar natural lo prohibido;
por arrastrar con cara de mujer madura,
ese carro de sol inútil: la inocencia.
Fue arrancarte las uñas de raíz,
arrastrarte,
meterte en la oquedad de la miseria, a bofetadas,
por el ojo hecho llama sombría, del demonio.
Retorno de Electra
I
Para poderte hablar
así, de frente,
tuve que echarme toda una vida
a llorar sobre tus huesos.
Tuve que desandar lo caminado
desnudando la piel de mi conciencia.
Para poderte hablar
tuve que volver a llenarme de aire
los pulmones.
Y cuidar que no se me encogieran las palabras,
el corazón, los ojos,
porque aún se me deshacen de agua
si te nombro.
Ya me creció la voz. padre, patriarca,
viejo de barba azul y ojos de plomo;
ya te puedo contar lo que ha pasado
desde que tú te fuiste.
Con tu muerte se quebrantaron todos los cimientos;
no me atreví a buscar,
porque no habría
un roble con tu sombra y tu medida
que me cubriera de la llaga de sol en mi verano.
Uní la sangre que me diste a otra sangre;
malherida,
borré la sombra del sexo entre los hombres
y me quedé vacía, a la intemperie...
Y no pude decir
hasta que se hizo carne de mi carne el amor
lo que era hallar la propia sombra, entregándose.
Después quise ubicarte en mí, te pesé,
te ultrajé, te lloré, medí tus actos;
di vuelta atrás,
y volví a caminar lo desandado;
por eso puedo hablarte ahora, así,
porque entendí tu medida de gigante.
II
No podemos hacer nada con un muerto, padre.
Se suda sangre,
se retuerce el aullido tirado sobre las tumbas
en un charco de culpa.
Padre,
yo soy Pedro y Santiago,
el sable que doblado de sueño castró su espírituen tu oración del huerto.
Yo soy el viscoso miedo de Pedro que se escurrió
en la sombra a la hora de tus merecimientos.
Soy el martillo cayendo sobre tus clavos,
el aire que no asistió al pulmón en agonía.
Soy la que no compartió
el dolor anticipado que se enclaustró
a devorar su miedo,
la hendidura irresponsable,
la desbandada de apóstoles.
Soy este pozo de noche en que se hunde la conciencia.
Di, ¿qué se hace con un muerto, padre?
Di, ¿cómo lavo estas llagas
si todo queda inscrito en el tiempo
y todo tiempo es memoria?
III
Colgábamos de ti
como del racimo la uva.
Cuando la muerte
reblandeció el cogollo de tu fuerza,
presentimos el vértigo de altura y la caída.
Uno a uno,
en relación directa a la pesantez de tu esencia,
descendimos.
Bajo anónimas pisadas me vi saltar la pulpa,
sorprendida.
Y no era orgía de vendimia
ni enervación de culto.
Fue ser la sangre a la sed de todos los caminos,
dejar la piel desprendida
entre un enjambre de alambradas.
Ahora,
para afirmar la talla
con que tu amor me hizo
sólo queda una espina:
la palabra.
IV
Perdón, hermanos,
porque no alcanzo a verlos
ahogada como estoy en mi hoyo
de pequeñas miserias.
¡Mentira que deseo morir!
Antes quisiera conocerlos
sin mi lente deforme.
Quizá los amaría tanto
o más de lo que estoy amando
a mi lastre de lágrimas
en este viaje de niebla.
V
Padre,
no puedo amar a nadie.
A nada que no sea este fuego
de sucia conmiseración
en que se consume mi lengua.
Quiero otro aire.
Otro paisaje que no sean los muros de mi cuerpo.
Emparedada, desconozco el resplandor del centro
y la desnudez de la periferia.
Voy a abrir brecha hacia los dos caminos
y quizá quede atrás
la trampa de la vieja noria.